El Bolsón

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28 horas es lo que estaba en el plan. Ingenuos de nosotros pensar que la gente se rige por horarios marcados a rajatabla. Cuando dicen 28 pueden estar pensando en 32… eso es algo que en ningún lugar del mundo es distinto, la puntualidad de los buses. Así que una parada antes de llegar a Bariloche, es decir en El Bolsón, decidimos apearnos del autocar para quedarnos en este singular pueblo montañoso. Son casi las ocho de la noche y no tenemos alojamiento, de ahí nuestra decisión. Si llegamos más tarde a nuestro destino inicial tendremos que dormir en la terminal, y aun no estamos preparados para eso, aunque llegará tarde o temprano… De todas maneras mucha gente nos ha recomendado El Bolsón y nos apetece estirar por fin las piernas.

Paramos en El Bolsón de imprevisto

Gracias a Gabi y Raquel, viajeros como nosotros y compañeros de nacionalidad, encontramos un Hostel. El alojamiento está muy bien, y nos quedamos en él, el Hostel Camorra. Habitación compartida con dos argentinas una noche y con 4 italianos la siguiente. La gente aquí es muy respetuosa y nos sorprende gratamente la cordialidad, el compañerismo y la amabilidad de todas las personas con las que nos cruzamos.

El día siguiente amanece lloviendo, esa lluvia finita pero continua que, aunque incómoda, te permite hacer casi cualquier cosa. No damos por perdido nuestro día, y nos encaminamos al Parque Nacional del Lago Puelo. En El Bolsón se pueden realizar muchas actividades relacionadas con la montaña. Senderismo por los diversos cerros que abrigan a buen recaudo a este pueblecito, cascadas escondidas, vistas panorámicas, ríos… Nosotros nos decidimos por el Lago Puelo, parece que es de las excursiones menos exigentes. Todavía no estamos del todo en la forma que nos gustaría, poco a poco.

El Bolsón: Árbol al final del camino
Árbol al final del camino

El bosque de las Sombras

Tomamos un colectivo (bus) que nos deja en el parque nacional, a unos 20 kilómetros de El Bolsón, una vez allí nos indican las diversas formar de recorrer la zona. Hay varios senderos que te llevan por bosques y jardines. Nos enfundamos nuestros chubasqueros y comenzamos nuestra ruta. La primera parada es El Bosque de las Sombras, qué bonito nombre, promete… y no defrauda. Es absolutamente precioso. El circuito te lleva a caminar sobre un puente de madera, ya que el suelo está todo inundado.

Los arrayanes, los árboles que pueblan este bosque necesitan de mucho agua, y sus raíces son esponjosas, las formas que las ramas de éstos crean son caprichosas y recuerdan a artistas pictóricos que, traviesos, jugaban con la imaginación de uno. Al observar ese paisaje uno teme haber perdido el norte y haber viajado al país de las maravillas. Un lugar donde todo lo que te envuelve no parece real y donde los colores parecen haber sido creados para que sean perfectos.

Vamos recorriendo senderos bajo la lluvia, nunca habíamos caminado así sin paraguas, sintiendo cada gota en tu rostro, teniendo esa conexión tan especial con la naturaleza, en cierto modo es lo que esperábamos de este viaje, hacer cosas que nunca antes habías creído posibles, dejarte llevar por los sentidos, “¿y qué si no tenemos paraguas? ¡Mojémonos!” Y la experiencia se vuelve más real viviéndola así, desde dentro. Queremos ver el Lago Puelo, así que nos aventuramos a una subida por la montaña hasta alcanzar el mirador. Parece que ahora llueve menos, y de repente el cielo se abre, como ofreciéndonos un regalo. Gracias a ello podemos contemplar en todo su esplendor la vista más impresionante que nos hemos encontrado hasta ahora, dejando aparte el Perito Moreno.

El lago Puelo

Los colores de este país son algo que nos trae locos. Cómo el verde puede ser tan cálido, y los diferentes tonos del azul en el lago nos absorben. Hacen que nos demos cuenta de lo viva que está la naturaleza, de la perfección que se encuentra en ella, de lo bien que te sienta observar sin más paisajes espectaculares, es como medicina para la enfermedad que padecemos muchos, la enfermedad de la escisión con la naturaleza.

Nos ha costado subir la montaña, en más de una ocasión nos hemos planteado continuar o no. Al final hemos resistido y la recompensa es mucho mejor que cualquier otra cosa que hubieras podido desear. El verte capaz de lograr algo, difícil para ti, te demuestra hasta qué punto siempre puedes lograr más de lo que en principio crees. Este viaje, aunque en su inicio, ya está mostrándonos cuán beneficiosa nuestra decisión fue.

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